Por Manuel Wilson, Comisionado Técnico Enisschag
Las redes sociales se han convertido en un amplificador determinante del deporte de montaña. A través de imágenes impactantes y ejecuciones de alto nivel, deportistas y referentes instalan estándares visuales que muchas veces no reflejan el proceso detrás del rendimiento. Lo que se observa es el resultado final, no la progresión, la preparación ni la gestión del riesgo que lo hacen posible.
Este fenómeno genera un efecto crítico: la distorsión en la autoevaluación. El observador puede interpretar esas acciones como alcanzables en el corto plazo, sin considerar las capacidades técnicas, físicas y cognitivas necesarias. En disciplinas como el SKI y el snowboard, donde la interacción con el medio es constante y exigente, esta percepción impacta directamente en la calidad de las decisiones.
Desde un enfoque técnico, la toma de decisiones efectiva depende de la capacidad de leer el entorno, anticipar variables y ajustar el comportamiento motor en función del nivel real de control. Cuando esta lectura está influenciada por referentes irreales o descontextualizados, se reduce la asertividad: se sobreestiman capacidades, se subestiman condiciones y se eligen terrenos que exceden el dominio técnico.
En este contexto, el desafío no es limitar la inspiración que generan las redes sociales, sino desarrollar una interpretación crítica de ese contenido. La progresión, la conciencia técnica y la autoevaluación objetiva siguen siendo los pilares que permiten transformar la motivación en aprendizaje seguro y sostenible.
Decidir en montaña no es replicar lo que se ve, sino interpretar correctamente lo que se enfrenta. Una decisión efectiva nace del equilibrio entre medio, individuo y equipo: comprender las condiciones, reconocer el propio nivel y utilizar adecuadamente el material. Respetar protocolos y gestionar el riesgo no es una limitación, es la base del progreso seguro en el SKI.